Primeros Juegos en el Sauna
Ya llevábamos más de un año juntos. La relación se sentía
estable, tranquila, pero también llena de deseo. Teníamos esa confianza que
permite hablar de todo, incluso de lo que normalmente incomoda.
Una noche empezamos a hablar de nuestras experiencias pasadas.
Sin celos, sin tensión. Solo curiosidad… y un poco de morbo. El tema de los
tríos apareció solo.
Le conté los míos con honestidad. Cómo se sentía estar con más
de un cuerpo, las miradas, el contacto, la intensidad del momento. Él escuchaba
atento.
Cuando le tocó hablar, fue claro. Me dijo que lo había intentado
una vez, pero no había salido bien.
Después de eso, el tema quedó entre nosotros. No como
problema, sino como algo latente.
Ya íbamos seguido al sauna. Nos gustaba el ambiente: el vapor,
el calor, el olor a eucalipto, los cuerpos semidesnudos moviéndose entre el vapor y la semioscuridad.
Caminábamos juntos, sintiendo las miradas, dejando que también nos miraran.
A veces nos rozábamos a propósito. Una mano en el pecho, una caricia en la espalda. Sabíamos lo que estábamos haciendo.
Y siempre
terminábamos igual: solos, en una habitación, con las ganas acumuladas.
Besándonos con intensidad, tocándonos sin prisa, como si todo lo de afuera solo
hubiera sido un juego previo.
Un día, sin hablarlo demasiado, decidimos intentar algo más. Abrir la puerta a un tercero....
La primera
vez no pasó nada. Solo miradas, la idea flotando. Pero al final volvimos a lo
nuestro. Un goce para dos, Y fue suficiente.
Pero la
siguiente vez… sería distinto.
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